miércoles, 26 de octubre de 2016


EL TELÉGRAFO: UNA REVOLUCIÓN EN LAS COMUNICACIONES.
 

A veces nos resulta difícil imaginarnos un mundo sin internet, sin telefonía móvil o mensajería instantánea. ¿Pero, cómo hacían las personas de antes para enviar información? ¿Cómo hacían para saber que estabas pasando en otra ciudad o en otro país? ¿Cómo se comunicaban con los amigos y familiares que vivían lejos? ¿Cuánto podía demorar una noticia en llegar de un continente a otro, cuando hoy solo tarda un segundo?
Muchos años atrás, la información dependía de la posibilidad de desplazarse de un lugar a otro; de que alguien llevara una carta o un recado hasta el lugar donde se encontraba el destinario. Esto, por supuesto, dificultaba mucho la comunicación, no solo por los altos costos que suponía el traslado hacia otro territorio, sino también por la cantidad de tiempo que tardaba en recibirse un mensaje.
Imagínate, si hoy, con carreteras más amplias y transitables, y con vehículos que alcanzan grandes velocidades, recorrer Colombia de un extremo a otro puede tomar días, ¿Qué sería de aquellos años en los que el medio de transporte por excelencia era el caballo y las vías eran pequeñas, destapadas e irregulares?
Hoy damos por sentado que la comunicación es inmediata y global; sin embargo, estas dos características antes eran impensables, inimaginables.

EL TRANSPORTE Y LA COMUNICACIÓN ERAN INSEPARABLES HASTA LA APARICION DEL TELÉGRAFO


 

En 1838, Samuel Finly Breese Morse, catedrático de pintura y diseño de la universidad de Nueva York, y primer presidente de la academia nacional de diseño de Estados Unidos, presentaría el primer telégrafo electromagnético.
Inicialmente todos dudaban de la efectividad de la máquina, debido a que en ese entonces no era concebible que un mensaje pudiera pasar de un lugar a otro sin que por medio hubiera alguien que llevara la información.
Sin embargo después de varios años de demostraciones y esfuerzos se logró una subvención para financiar la construcción de la primeria línea telegráfica, que conectaba a Baltimore con Washington D.C., en Estados Unidos.
Así, el 24 de mayo de 1844, se abrió la primera línea, y poco a poco se empezó a saber la magnitud y valor de esta herramienta.
         

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